16 de octubre de 2013

Olga Beatriz Venditto

                                                        
   Nace en 1932 en Bella Vista. Egresa del conservatorio de música y arte Escénico como Profesora de Piano y Canto.
Colabora con cuentos y poemas en distintos medios y revistas de la zona. 
   Con el profesor Humberto Rivas comienza a corregir su primer libro: “Los Límites Secretos”, que presenta en 1986. En 1993 presenta “Ahora que me acuerdo”, libro de cuentos para adultos, con gran aceptación de los lectores. A raíz de ese libro La Nación le dedica una página el 26/8/1994 bajo el título de “Olga Venditto con Todas las Letras”.
   En 1994-1995 presenta “Brevíssimo, Ma Non Troppo”, a través de Ediciones Círculo XXI, Asociación de escritores y lectores, ciudad de San Miguel, Partido de General Sarmiento.
En la actualidad continúa con sus talleres, premiadas y reconocidas menciones por su labor literaria, así como los trabajos literarios de sus alumnos.
   En esta oportunidad, compartimos con los amigos de Literarias Cungs, textos de su libro: “Brevíssimo, Ma Non Troppo”.
(Completaremos datos actuales de la autora y agregaremos textos de la misma en la segunda subida de esta entrada del blog).



La no presencia
                                                 A Gustavo., in memoriam

En las mañanas sin termo
De la cocina en exceso ordenada.
En la manta estirada de la
Cama gemela. En la almohada
Sin huella,
La alfombre sin chinelas.

La no presencia.

En los cercos engordando el jardín
Y el desprolijo pasto. En el cuerito
Gastado sin la herramienta precisa
que aguarda en la mesada. El
sin salero de la mesa cotidiana.

La no presencia.
Cuando la noche no siempre
trae ruidos familiares.
Cuando las tardes de tormenta
Apresuran los recaudos.
Cuando un olvido recrimina lo acordado.

La No presencia.
En el rezongo
Por las tardías llegadas.
En las perchas, que sostienen
Su contorno en lana, en la
Corbata, el piloto, en la tempranera bufanda.


LA CONTINUIDAD DE LOS TRAPOS

       Yo, qué quiere que le diga, cada vez que me nombran el terciopelo, me broto. Hubo un tiempo que a si Ud. No iba a un asalto vestida con terciopelo, no cazaba una. Esa noche pintaba buena y al candidato de turno había que deslumbrarlo. Le pedí unas pilchas de terciopelo a mi mejor amiga (si sería mejor, que siguió de amiga). Y muy maquillada me fui a la fiesta.
     Después de bailar rocanrol, y un tanto extenuada, me senté en un sillón que parecía la continuidad del vestido. La misma textura, el mimo color, idéntico. Yo no sé en qué momento el candidato, para hacerse el macho empezó a fumar…, aplastó el pucho en el hombro tal vez en la creencia de que era el cenicero apoyabrazos. Al desastre contribuyó bastante la penumbra reinante. El resultado fue un agujero tamaño descartable. ¡Y qué horror! Se me veía el bretel del corpiño. Mi amiga me perdonó haciendo honor a que era la mejor. ¿El candidato? No lo vi más.



PRIMER MUNDO

El perro dormía su sueño de hombre feliz. Cenaba en el Hayt Park, manejaba una testa Rossa y lo visitaba Claudia Shiffer.
 Lo despertó su amo diciéndole por milésima vez si no comés polenta te voy a regalar.



LO ÚNICO PERMANENTE ES EL CAMBIO

            Desde que escuchó a ese experto, come y come pastas. Harta de fibras, de sopa de verduras, se prendió al cambio.
           A los quince días no le entraba el pantalón nuevo. El rollo de la cintura le impedía cortarse la uñas de los pies y las blusas no le abrochaban.
          Entró en colapso cuando advirtió que, justo al dar las cantidades, su amiga la había llamado por teléfono para decirle en qué canal estaba el experto en pastas.



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