20 de abril de 2016

Stella Maris Gallero


Stella Maris Gallero nació en Grand Bourg, 24 de junio de 1955, Buenos Aires República Argentina. Artista Plástica-Poeta-Escritora.
Integró la Red de Promotores culturales región noroeste.
Coordina la Casa de la Cultura de Grand Bourg,
Fundó el Centro Cultural Mari I. Gervasoni.
Coordina talleres de escritura y producción de textos.
Es Miembro de la S. A. D. E. (Sociedad Argentina de Escritores)
-1972: formó parte del círculo de los poetas,
-1977: socia fundadora del grupo sin fronteras
-2000: Premio Nacional de Cuentos Río de La Plata 2000 
-2005
• Premio certamen de poesía «AIRES DE LIBERTAD», antología homónima  publicada 
en España.
•  Medalla EVITA y Mención de Honor, PREMIOS EVITA 2005, otorgado por la 
Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires por su destacada 
labor en el área de la Cultura.
•  Es  distinguida como una de las mujeres destacadas de su distrito, por La Cámara 
de Senadores de la Provincia de Buenos Aires.
• La  Municipalidad de Malvinas Argentinas le otorga un reconocimiento especial por 
«su invalorable aporte a la cultura a través de la literatura y el teatro, enseñando con 
su vocación a querer y amar el arte»

Publicaciones:

LA CIUDAD AZUL, (cuentos)
Primera edición: 2001,  Ediciones Baobab
Reedición: 2004
                                  
UN YACARÉ EN APUROS (teatro), (2004)    Ediciones Baobab

MISTERIOS DEL MUNDO PERDIDO (1)  2012 Editorial de los Cuatro Vientos
MISTERIOS DEL MUNDO PERDIDO (1) 2012  Formato digital (E-Pub); editorial Emooby

Publicaciones compartidas:
      
CÍRCULO DE LOS POETAS, (1972)
GRUPO SIN FRONTERAS antología: Cáliz de Ensueños (1980)
ADEL, (Asociación de escritores y lectores de Gral. Sarmiento) revista El Arcón (1992)
REVISTA El Candil (1996-2011)
6º TORRENTE NACIONAL DE CUENTOS  2000 (Antología)
AIRES DE LIBERTAD, Madrid, España. (2005) (Antología)                                    .                                                                                                   
SIN EQUIPAJE, editorial Dunken. (2007) (Antología)
LA VOZ DEL SILENCIO, Creadores Argentinos (2008) (Antología)

Enlaces URL a publicaciones electrónicas

    




Voz y Lienzo

Te  conocí en el color de tu nombre, Violeta
En aquellas violetas que te precedieron
Y en las violetas azules
Que desvelaron tu sueño
En la gota de rocío y el olor a pintura
En el lienzo antiguo y rústico
Y en tu paisaje violeta, Violeta.

Desde la Luz viniste y no entendías la guerra
(¿Quién la entiende?)
Fruto Violeta de la Parra
Fue violeta tu alma
No entendiste a los hombres
Que no entienden
El color violeta de tu nombre.

Poema del libro Redenciones 1992-2009
Autora. Stella Gallero




EL HUMANAR
        
              Los gigantes –esqueléticos y pálidos- se alzan en fila al costado de la ruta.
              En  su perenne tarea de sostener luces y susurros, se les quedaron los brazos en alto para siempre.
              Bajando la vista hacia la izquierda, se ven emerger de entre los árboles, las torpes cabezas de esos edificios cuadrados prensándose, apretujándose unos con otros. Ilusión de muchos, parida a fuerza de promesas de unos pocos. Hoy llenándose de críos y de ropa chorreando en los balcones oscuros. La mugre en sus paredes es una nota sorda mezclándose en el tono denso de lo que alguna vez pretendió ser pintura. Adentro están ellos. Seres. Pensantes y seudo-pensantes. Presos. Asfixiados. Vivos. Encerrados en cuevas de cemento y plástico. Vivos? Al menos, no del todo muertos.
              Si veo al otro lado de la ruta, los ojos se me llenan de verde.
              El alma vaga libre en la mirada.
              Vuela sin vallas el pensamiento ebrio de oxígeno y de luz...
              Miro hacia uno y otro lado: mugre y hacinamiento acá, espacio abierto, infinito, libre y verde allá. Y recuerdo las extensas llanuras inhabitadas que conocí en mi tierra. Recuerdo de imágenes subrayadas por los versos de Martino:
              - ¡Ay de la libertad, cuánto misterio!*
(Grand Bourg, febrero 22 de l994)




 * .../Por qué será que cuando suelto las palomas/ellas vuelven siempre al cautiverio... /
   (Por qué será,  Poema de Alfredo Martino)


SAPUCAY
           
              1937.
              Guaviraví. Provincia de Corrientes.
              El sol caía a pleno sobre la llanura de la estancia El Naranjal.
              Con mis quince años (gurí nomás), cabalgaba en mi zaino pico blanco cuando ahí, delante del caballo, entre el pastizal,  ví llamear el amarillo y negro de la yarará. Por gusto, de puro guapo le insulté, deteniendo mi marcha. Dueño de todo el poder que da la juventud, creyéndome quién sabe qué, como si nada ni nadie pudiera vencerme jamás,  le volví a  insultar a la vez que comencé a castigarle con el arreador. Entonces fue que, dejando su postura indiferente,  la bicha empezó a molestarse. Le seguí dando con el látigo y cuando la ví bien enroscadita y enojada, con la cabeza erguida en el centro del círculo que formaba su cuerpo, me bajé de mi montura. Yo le había desafiado y ella respondió. Yo era joven, me sentía  fuerte,  poderoso... pero m’ hija... con el poder y la fuerza de la inexperiencia se convierte uno en ciego que atropella por atropellar, por demostrar su fuerza... y no ve a quién lleva por delante ni hacia dónde va... Y así fue que, ufanándome de mi poder, enrosqué la sotera del arreador por mi muñeca, y con el mango a manera de espada, empecé a vistear* con la víbora que me seguía respondiendo al juego. Se enroscaba bien apretadita, y apoyándose en la cola, saltaba   hacia mí -en el momento menos pensado- todo el largo de su horripilante cuerpo bicolor.  Así estábamos: yo con mi espada y ella con su cuerpo erecto en el aire. Yo atizándole, ella saltándome encima y yo haciéndome a un lado. Hasta que sucedió lo que queríamos,  (yo en mi inconsciencia y ella en su miedo). En un descuido mío se me prendió del pulgar derecho, mientras que con una espantosa velocidad trataba de enroscárseme en el cuello, de donde pude quitármela tironeando con la mano izquierda. Pero aún la tenía  prendida de mi dedo: me había atravesado la uña. La  arranqué de un seco y la arrojé hacia un lado. Me creció la bravura y le aplasté la cabeza. Una y otra vez. Sabía lo que me esperaba, pero no quería morir.
              En mis quince años de montaraz existencia no le tenía miedo a nada ni a nadie. La selva te enseña a ser fuerte. Y yo había aprendido. Pero no quería morir. Morir muere cualquiera. Lo complicado es seguir viviendo, eso lo sé ahora. Se necesita coraje. Así que apoyé mi pulgar herido de muerte sobre un poste del alambrado. Saqué el cuchillo grande de mi cintura y sin pensarlo dos veces, lo levanté en el aire: di un machetazo limpio y el dedo saltó. Saqué un tiento del vasto y me hice un torniquete en la muñeca y otro más arriba del codo con el pañuelo que llevaba en mi cuello. Después, con la chaira, perforé la cabeza del reptil y por el agujero le pasé la sotera del arreador. Monté a caballo y arrastré la víbora hasta la estancia. Cuando llegué, el capataz la midió: un metro y medio de yarará con la cabeza deshecha yacía a los pies de mi zaino. Mi mano se había hinchado tanto que no se distinguía separación entre los dedos, y era para entonces una deformidad que se había vuelto del color negro y amarillo de mi adversaria...
              - Pero yo le gané- aclara sonriente mientras toma un amargo a la sombra del paraíso en el patio de casa. Hace muchos años que no vuelve a su patria chica,  su Corrientes  natal. Eusevio Méndez se llama, aunque  en Grand Bourg, muchos desconocen su verdadero nombre. Y le bautizaron con el de Sapucay. Hoy tiene setenta años. Y me está alargando un mate con su mano incompleta...   

Relatos del libro La Ciudad Azul 
Autora: Stella Maris Gallero
(Grand Bourg, noviembre de 1992)
            












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