24 de diciembre de 2017

Elizabeth Cena



 Nací en capital federal, un 20 de noviembre, a las 12:30 del mediodía. Eso me dijeron porque yo no me acuerdo. Hacía calor; era agobiante y todos gritaban: mi mamá por los dolores de parto que se le presentaban de repente, mi papá les gritaba a los médicos porque le habían colocado una inyección que interrumpió el trabajo de parto a mi mamá. El médico de guardia entrante les gritaba a las enfermeras y al médico saliente por las negligencias cometidas y todo el personal corría en los pasillos esquivando guardias armados porque eran épocas difíciles de extremistas y gobiernos golpistas. Y salí al mundo llorando, seguramente, creo que de hambre porque era la hora del almuerzo y hacía más de 8 horas que tendría que haber salido, del lugar más seguro del mundo entero.
Me llevaron a vivir en un hotel ocupado o usurpado por sus inquilinos, que peleaban porque el dueño cometió una estafa. Por lo que me contaron estábamos rodeados de vecinos raros: un hombre bello que quería ser mujer porque su mamá lo había vestido de nena hasta los diez. Una pareja que se amaba hasta que tomaban más de dos vasos de vino y en ese preciso momento se querían matar a trompadas. Otra señora que vivía sola y se creía un fantasma que apenas se asomaba por la puerta. Antes del año me llevaron al residencial barrio de Bella Vista, que de residencial solo el título y las tarifas de los impuestos. Fuimos a vivir en un barrio creciente, en una casilla sin puertas ni ventanas. Rodeada de eucaliptos con un solo vecino… Al menos eso me dijeron.
Y ahí crecí, pensando pavadas como que el año estaba dividido en tres partes: días de escuela, días de vacaciones y días normales. ¿Normales? Con mi hermana tres años menor en una cuadra donde todos eran mayores que nosotras.  Una hermana a la que la quise regalar a los basureros, pero no me hicieron caso. ¡Celos de hermanos! ¿Creo?...
Crecí entre varones jugando al poliladron, al rango y a la mancha. Ellos me enseñaron a boxear y a jugar a la pelota por lo que me convertí en una varonera. En la escuela era “la sargento” y todos le tenían miedo a mis patadas, pero nadie se enteró de mi secretito: las guillerminas. Mis viejos me habían comprado unas guillerminas reforzadas. ¡Feas! Parecía Frankenstein, que no se rompían por nada del mundo, hasta jugaba a la pelota con esas cosas y las muy hijas de…, ni se ajeaban. En las calles de tierra de mi barrio, cuando veía algún alambre semienterrado me enganchaba a propósito para romperlas. Esas eran mis aliadas porque eran tan duras que a más de uno les deje las canillas coloradas. Pero también era medio tramposa porque cuando mis compañeros iban a la maestra a acusarme, ellas no le creían porque yo era “tan buenita” (era medio bicha…)
 Terminé la primaria y la secundaria con los mejores promedios… pero no me sirvió de nada…
La primera vez que escribí algo tenía trece años. Mi profesor de Lengua y Literatura nos dio una tarea: escribir sobre un héroe… Mi familia estaba pasando momentos embromados y escribí sobre mis viejos. Mi profesor me llamo a parte para preguntarme sobre mi narración, le gusto esa comparación entre seres imaginarios y personas de carne y hueso que se preocupaban por llevar el alimento a sus hijos. Me dijo que me tenía que dedicar a escribir ¡Pobre profesor Kranervite!
El primer libro que leí fue El Principito: lo odié. No sé si fue porque me obligaron a leerlo o porque yo estoy defectuosa. Porque adoré el Cantar del Mío Cid, ese poema largo y raro sobre un caballero al que todos mis compañeros odiaron.
En segundo año me hicieron leer El Pozo y El Péndulo de Edgard Alan Poe y mi cabeza exploto encontrándose con una literatura fantástica, y de ahí no paré de leer cuantas historias extrañas y sobrenaturales cayera en mis manos.
Desde que tengo memoria vi novelas rosas. Mi mamá veía y ve todas las novelas que hay al aire: Topacio, Muchacha italiana viene a casarse, Antonella, Señora de Nadie, que se yo… ¡Cada una!  Todas esas novelas que chorrean miel y amor por todas partes. ¡Un asco! ¿Por qué no pueden ser historias reales donde hay vampiros, fantasmas, sangre, triperío y cosas paranormales?
Tenía diecinueve años cuando inicie mi colección de libros: El Juicio de Eva del escritor portugués Julio Dantas. Creo que solo yo lo conozco… En donde trabajaba habían tirado libros a la basura; estos me llamaban desde el cesto y por vergüenza solo saqué El Juicio de Eva. Ahora tengo más de doscientos libros guardados en cajas, aguardando una biblioteca. Todos autores desconocidos… o solo disfrutados por mí.
En el 2012 publiqué mi primer libro: Cuentos para un Tren Perdido. Fue una sorpresa para mí porque fue un regalo de aniversario de casados: mi marido compiló algunos cuentos y los publicó. Cuentos que invernaban en libretas guardadas celosamente y salían a tomar aire por primera vez.
En el 2014 salió el Árbol del Ahorcado, cuentos basados en leyendas e historias que me contaba mi Abuela Carmen. A lo largo de mi vida conocí a seres alucinantes y creo que ella, mi abuela, fue la abanderada de todos. No era de esas abuelas que leen cuentos para ir a dormir, era de contar historias de ánimas y demonios que habitaban los montes y los cerros de mi querida “La Cocha, Tucumán”.
En el 2015 apareció Oscuros Relatos de por Allá. Historias de sustos de distintos lugares del país. Historias contadas por mi abuela paterna, María y susurradas por vientos de distintas direcciones.
Y en 2016 cobró vida otro sueño (o mejor dicho: me tiré sin paracaídas a otro precipicio): Gustavo Zavala-Rompiendo el silencio. Un libro de anécdotas de la vida del bajista de la banda de heavy metal Tren Loco. Algo que jamás pensé hacer: jugar a ser periodista que hace entrevistas para escribir un libro de un genio del heavy metal.
Los caminos de la vida te llevan a cualquier lado: A mí me llevaron a ser escritora por casualidad. A tener el honor de escribir un epilogo en el primer libro de cuentos de Gustavo Zavala, “Bajo Cero. De Grand Bourg a Tokio”. A ser mamá, casi sin darme cuenta, de dos hombres muy distintos entre sí. A ser esposa, o al menos intentarlo, de un músico. A ser conductora de un programa radial (El Túnel – FM Aprender) por accidente, a divertirme y a entretener a varios locos que me escuchan del otro lado del dial, en ese mundo mágico que es la radio. A conocer la gente más asombrosa del mundo. Hoy escribo una novela. La tercera parte de mi primera novela. Un proyecto enorme que nació como un cuento y se convirtió en saga, sin quererlo. ¿Mañana? No sé, que se presentará mañana, pero ¿alguien lo sabe?




                                                    ARAÑA

  “Teje y teje la araña. Ardua en su labor diaria. No descansa y ni el viento la para”. Un cantito se repite como un eco.  Como la vida misma los escollos siempre son muchos pero hay que superarlos para lograr las metas.
    Teje y teje y la tela crece. La maraña de finos hilos toma forma en las sombras. En un rincón del granero. Humedad y musgo lo cubre todo. Hace mucho que el granjero no viene. Quizás en otras cosas se entretiene o se habrá ido del lugar como los vecinos.
     Ya no se escucha el griterío de los animales. Hay tanta soledad. Solo el llorar lejano de alguna paloma, cansada en alguna frondosa copa. Se oye el zumbido molesto de un moscardón. Negro y verde. Feo y panzón. “Ven mosquita. Mosquita. Aquí te espera mi trampita.” Tonto, tonto moscardón… Solo zumbas y te vas. El olor ocre es muy penetrante. ¿No te gusta mi rojo color?
    Hay tanta soledad en este páramo alejado. No quiero pero tendré que emigrar como los demás ¡quizás! En busca de algo para mi nueva tela formar…
    La puerta se abrió de par en par. La luz por fin pudo entrar al lugar. Una enorme montaña de carne humana se amontonaba. Pedazos de cuerpos descuartizados por todos lados regados. Despellejados.  Desde el techo una tela humana colgaba con pieles arrugadas. Se mecía apenas perceptible, con la brisa que entraba junto a la luz de entrada.  Un niño empapado de sangre, sostiene un machete colorado, mitad sangre seca, mitad oxidado. Detiene su marcha y se detiene en la entrada. Pestañea varias veces para acostumbrar sus ojitos al brillo del sol. Sonrió y emprendió un nuevo camino canturreando alegre la misma canción “Teje y teje la araña…”

                                 

                           Casi el significado de AGLA

AGLA es un acrónimo cabalístico mágico: Athar, Gibor, Le-Olam, Adonai “Tu oh Dios, eres Todopoderoso por siempre” según Wikipedia. También dice <El monograma apareció en el libro “El Espejo del Arte y la Naturaleza” (1615), fue una obra Alquímica. Son dos diagramas circulares con la palabra alemana GOTT (Dios) y las letras Alfa y Omega “Yo soy el Alfa y el Omega. El primero y el último. El principio y el fin.>
Un significado hebreo es nombre angelical, divino. Elemento tierra, poder eterno. Principio. Letras mágicas, naturaleza primaria de Dios. Palabra de protección y fuerza.
Otro significado árabe es Duende de la tierra. Pertenece a un trio de genios traviesos y a veces dañinos si se los provoca, pero sumamente protectores: Agla, On y Matón.
Y según un sitio satánico, que ahora no encuentro en ningún lado, son los nombres de las deidades/demonios que moran las puertas del infierno junto al Cancerbero, el perro de tres cabezas que esta encadenado en la entrada del Ares. Es el equivalente al acrónimo “Amen” en el catolicismo: “Así sea”. Es una forma de invocar a las deidades antiguas para pedir su gracia. Son demonios que no son del todo demonios pero también son dioses que son tan buenos como la mayoría, todo depende de quién los invoque y de las intenciones de ellos. Tienen el poder de curar o destruir al mundo y a sus moradores al estar en contacto directo con el soberano del infierno. 
Agla es un monograma de transformación y para mí la vida es una transformación. Es un libre albedrío de elegir el camino que cada uno desea transitar. No ser lo que la sociedad te impone que seas. No encasillarte en algo que no te gusta por imposiciones de tu alrededor.
“Sé en tus obras como eres en tus pensamientos” en algún lado lo leí y en mis historias soy un ser que lo puede todo, soy el ser que siempre quise ser. En las obras, cada autor está implícito. Cada obra tiene algo de cada autor entonces creo que soy Agla: Ni tan buena, ni tan mala.  Un yin y yang: Algo oscuro con un toque de luz y algo de luz con un toque de oscuridad. ¡Yo soy Agla!



                                    PREMONICIÓN

Abrió los ojos desconcertada. Miro alrededor reconociendo el lugar. Un dolor punzante en su abdomen fue el causante de que sus recuerdos regresen. El líquido viscoso que emanaba de su herida abierta se mezclaba con la sangre de su familia. Flashes que se activaron rememorando las dolorosas ultimas horas.
Con dificultad salió de la cama, resbaló con la abundante sangre que en el suelo había. Un grito se atoró en su garganta al ver el cuerpo inerte de su esposo. En el piso desparramado, marioneta boba yacía él con un disparo visible en el pecho del que emanaba abundante plasma carmesí. Retrocedió aturdida en dirección de la puerta del dormitorio. Un pensamiento certero atravesó su raciocinio: sus hijos. Debía buscarlos, saber que estaban bien. La imagen de su vecino, de pie junto a la cama matrimonial, sosteniendo el arma en alto y disparando sobre ellos apareció fugazmente en su mente. ¿Era real esa imagen? ¿Por qué lo haría?
Salió presurosa de la habitación y la oscuridad era casi total. Entró al cuarto de sus pequeños hijos y el horror la asaltó. Sus bebes, sus pequeños angelitos dormían en sus camas con sus gargantas cortadas. Fueron sorprendidos mientras dormían y obviamente no presentaron resistencia alguna. Su pobre corazón de madre se rompió en mil pedazos, su respiración era dificultosa y sus ganas de vivir se desvanecía después de ver aquella imagen pavorosa con sus bebes.
Una sombra a su espalda cruzó el pasillo en dirección al comedor. Una sombra a la que ella pudo ver de reojo ¿Será el causante de toda esta locura?
Direcciono sus pasos hacia el comedor y una luz blanquecina que entraba de la calle casi la cegó. La figura de un hombre con las manos ensangrentadas portando un arma intentaba salir al exterior. Presintió la presencia de la mujer herida a su espalda y lentamente giró. Apuntó el arma con el brazo en alto, extendido a la altura de su hombro.  Y lo pudo ver. Distinguir las facciones del causante de destrozar su vida.
-¡Vecinita! Sos más fuerte de lo que creí…
Sonrió al mismo tiempo que su dedo gatillo el arma. 
Abrió sus ojos desconcertada. Miró alrededor reconociendo el lugar. A su lado el cuerpo de su esposo reposaba. Un dolor punzante en el abdomen fue el causante de que sus recuerdos regresen. Con dificultad se puso de pie, abrió el cajón de la mesa de luz y sacó un arma. Protección familiar… Direccionó sus pasos hacia la puerta de entrada. La luz de la calle la iluminó cuando se dirigía hacia la casa del vecino.



                                   SOL LUNA

Llegaste de madrugada trastornando mi universo: mi linda Sol Luna, un milagro de un vientre seco. Pura risa y hoyuelos. Ojos grandes color negro. De mi pecho te alimentabas, de mi dedo tu manita agarradita y tus ojitos brillaban cuando me mirabas. Me sentía tan amada, como una diosa idolatrada. Mi brillante estrellita. Tus hermanos no entendían porque en mis brazos no llorabas. Papá de noche te hamacaba y en sueños dulces soñabas.
Llegaste de madrugada sin aviso mi pequeña Sol Luna, mi estrella de la mañana. Orgullosos todos al mundo te mostrábamos y vos de amor todo lo colmabas. Mi negrita pizpireta. Las razones no importaban. Sólo que vos aquí, entre nosotros morabas. Con la luna te cantaba canciones llenas de magia, para que tus ojitos cerrarás y dulces sueños surcarás. Un arcoíris de tobogán. De trapo una ojona muñeca de trenzas largas. Y en la calesita una vuelta más.
De madrugada llegaste, mi dulce Sol Luna y te fuiste esa misma mañana. Manos vacías, llenas de nada. Lágrimas trasparentes empapan la almohada. Y como siempre, tu ausencia en mi vida, cuando desperté otra vez sola en mi cama con el alba.



                                 Libros publicados de Ana Elizabeth Cena:
                                                                   




                                                             

















En su hacer    Elizabeth Cena:  programa radial EL TUNEL,   cada sábado...Un par de años ya con su equipo-pareja Oscar Caro; viajan cada semana a capital y siguen construyendo desde el hacer...y con literatura... suspenso , terror... o como quieran nomenclar, (los géneros como  los ismos  no agregan...)
Fm Aprender
http://www.fmaprender.com.ar/




En lo Margarita,-taller literariode los martes en Villa de mayo, con la visita del escritor de la región Julio César Azzimonti y su compañera Vicky Lanzone- .Festejando, también el cumpleaños de Elizabeth - escritora, sensible y de un género vive en Grand Bourg. La rica torta y mates de La Maga, lecturas del escritor Lucas Quintana; el regalo elegido para Ella, a cargo de la compa de Lucas, Graciela Zurdo- El brindis por el cumple de esta grosa, sensible Eli- "escritora" que sorprenderá con su nueva obra... Julio Torres, ausente pero a pasitos de presentar su libro en Domínguez , Entre Ríos... Permiso, este grupo Taller-litera... es un abrazo de poesía y "gente amable" 



   
Quiero agradecer inmensamente a Gustavo Zavala por dejarme participar en su primer libro de Grand Gourg a Tokio, y poder escribir el epilogo....para mi es un gran honor que incluya lo que escribí para su libro....Muchas gracias Gustavo...


Lectura de "Rosaura" Cuento de terror 
Sinfonía de la Noche. Literatura de terror, poesía Gótica, leyendas urbanas, sucesosparanormal, metal y mucho más...
Conducción: Lucila Castro Díaz



Elizabeth  en radio rock & pop


ROMPIENDO EL SILENCIO (presentación oficial)
TIEMPOS VIOLENTOS (ROCK & POP 95.9)...ELIZABETH - GUSTAVO ...