16 de septiembre de 2014

Daniel Godoy



                     
                                                             
No pretendo llamar tu atención
No pretendo instalarme en tus ojos
No pretendo que me nombres.
 Pretendo que me desees
 Como jamás has deseado a nadie 

Luis Daniel Godoy autobiografía:
No es fácil seleccionar momentos y situaciones para autoreferenciarse, mas allá de las fechas puntuales  que uno mismo convierte en hito. Recuerdo que Pablo Neruda cuando escribió su biografía la bautizo con el titulo “Confieso que he vivido”. Yo podría escribir “Confieso que he Bebido” dado que me introducí sin culpas en distintos varietales; Cabernet sauvignon, Syrah, Malbec, bonardas etc. Pero también bebí a Borges, García Márquez, Cortázar, Di Benedetto, Girondo. También mi paladar se nutrió de besos, risas, adioses y nudos. Mis ojos se fascinaron sin prisa y sin reparos ante impactantes paisajes naturales o artificiales, también se humedecieron ante la miseria planificada y fueron nublados por telarañas de dolor e indiferencia. Pero así y todo (o nada) fui forjando un camino, que semeja mas a los meandros del río reconquista (aunque después fue rectificado) que a una recta y prolija autopista.
Nacì sin querer en el Hospital de San Miguel, allá por el 63 cuando a la siesta de agosto se le devaluaban los presagios, crecí en los barrios de la zona, donde la incertidumbre imprime sus huellas digitales. A pesar de que las religiones cercenaron mi erotismo, pude amar sin prejuicios a una mujer transparente y escribir con ella cuatro hijos que parecen poemas de carne y hueso o personajes irreverentes de una ficción con final abierto. Publique un Libro, “La pluma de cervantes” y después otro, “La estatura del silencio” y Otro, “El baruyo del deseo”. Le di letras a cuatro obras de teatro que otra gente le inyecto vida, expresión y magia. Edite varias revistas alternativas y colabore con otras tantas. Murmure detrás de micrófonos de radios y algún que otro corto para cine. Le escribí odas a la supervivencia y sobreviví a fuerza de besos y abrazos.
A veces, a la vuelta de una cerveza helada, me rio de aquellos que le pusieron precio a mis horas, a mi jornal. Entiendo cuando se jactan de mi explotación, pero la plusvalía de mis poemas y de mis cuentos es solo para mis amigos y la máxima rentabilidad de mis palabras es para algún lector desprevenido, que se encuentre también a la vuelta de una cerveza o de un delirio.
Si, confieso que he bebido. 


Su piel en llamas

Bajo la constelación de su piel en llamas,
Lleno de dormitorios mi presencia,
De ceremoniosas caricias mi imagen
Y canto canciones de barrio arrasado
Y juego juegos de pezones masticables.

Puedo imprimir sobre esa luna caliente
Irreparables sonrisas congeladas,
Un monumento de adobe a sus piernas.
Puedo quebrar su saliva
Con insultos desnudos
Y esa violenta ternura
Que grita inexorable entre sus piernas.

Lloro en el exilio de su selva
En una cama a la deriva.
En su excitación que huye
Por los carriles de la tormenta
Y como un horizonte que pide perdón
Me quedo implorando el agua bendita
                        De la madrugada
Para que con un gesto húmedo
Me libere para siempre
De mi nombre, de mi vocación
            De mi civilización
Para ser solo aire,
            Brisa tibia
            Que habita en su garganta.

              
 Como se hace para seducirte

Como se hace para seducirte,
Para convencerte que tus poros
son primo hermano de mis poros.
Que tus ojos inventan perfumes
que impregnan mis huesos y mis dientes.

Como hacer que tu vientre
se ría con mi vientre.
Que tus piernas se besen con mis piernas,
en un paisaje tibio y gutural.
Ahí donde las palabras se quiebran
y los grises se mueren.
Donde se inventan los sueños
y se trafican soledades y olvidos.

Como hago para imprimir
el prólogo de un deseo
en el sur de tus labios,
en el amanecer de tu lengua

Cómo me instalo en tus ojos,
donde alguna vez las flores sonrieron
y los Ángeles estallaron
de locura, cerveza y erotismo.

Cómo te nombro
sin que se congele la saliva,
la garganta y la ternura.
Sin que se rompa la huella digital
                            de la coherencia
y que las uvas no sangren
y que las nubes no suden.

Cómo rastreo el eco de tu huella
en el frío lenguaje de la lluvia,
en la obrera ilusión del almanaque.
En la esquina del fracaso, la barbarie
                                  y la leyenda
Cómo trasmigro tus lunares,
tu espalda en celo,
tu corazón a media asta,
tu vocación de agua en el desierto.

Cómo se hace para reptar
en las líneas de tus manos
y resucitar sin pretensiones
en la luz de tu silencio,
en la callada inmensidad de tu hombro
y morder tu blanda erudición,
y ser el cómplice de tu ropa,
tu esmeralda y tu delirio. 


Pizza fría y cerveza tibia en la estación de José C. Paz
Y tus ojos rondándose a si mismos

 Primera porción
Suelta un vientre cruel un canto de sirena y tu garganta se llena de promesas. Murmura la radio una comparsa de goles, la gente pierde por goleada, el juez cobro penal porque un obrero toco la pelota con la lengua. Duros como piedras, la hinchada vela en ronda un tetra brik. Las amas de casa sin casas declaran en el noticiero, que quieren noticias que declaren la libertad de dientes. Los muchachos y muchachas sin sexo y sin dios, exigen una ordenanza que prohíba los besos fugases  y efímeros. Los peregrinos de ojos vacíos, marchan unidos hacia la catedral de poxiram que los ampara de los mensajes de textos. Mi boca mastica  muzarella vencida…



Segunda porción
Como aprendices de faquires, pibes de paco y alquitrán, duermen sobre los puñales de las veredas, el que sobreviva matara el gallo del amanecer y ofrecerá su corazón de naftalina a los dioses de la siesta.  Arde la estación en llamas de tortillas y ojos negros. Alguien descubrió a un poeta crucificado en el baño de las chicas y aseguran que lo negaron tres veces antes que los gendarmes canten su verde canción. Una ronda de peones desnudos protegen un alfil con antifaz, mientras escribe una consigna de perfumes y de azar. Sombríos en el bar, tres intelectuales veneran una cumbia que los hace llorar de esperanza y bricolage. Mis labios resecos besan el pico de una cerveza tibia…



Tercera porción
Vuela en Internet una cadena de sopapas y los mendigos se persignan y ajustan en sus oídos pañales descartables. Niñas de polvo y aserrín muestran en la cámara Web sus lenguas agujereadas y sus vaginas con cierres, mientras que los traficantes de ocasos venden plegarias y celulares por el mismo precio. Anuncia la tele que hay agua en mi barrio y una antología de amigos en los lunares de una diva. Que inventaron un paisaje en el borde de una escoba y hallaron una garganta en la punta de una escopeta. Transmite el diario en directo el aborto clandestino de una delegación oficial y en el suplemento científico la receta de un guiso de arroz. Pocas calorías traía la basura de hoy y los niños tostados cantaban en silencio un estribillo de tumba y soledad. Mañana por la tarde oscurecerá y habrá olvidos por aturdir. En mi paladar la masa de la pizza no tiene piedad.


Ultimo trago
Sensuales Ángeles huyen por las veredas y se suben al primer colectivo que pasa. No sacan boleto y se jactan de tener los sueños subsidiados. Aun humea en la mañana la voz suave del delito. Se siente en el calendario un aletear de risas y de luces. Los cuentos, ricos en vitamina c, inyectan en el viento un optimismo de santo. La vida, aun en ropa interior, desfila por la calle y en el ombligo se le ve una poesía que le brota y perfuma los cansancios y emborracha las sonrisas y todas las razas de la muerte se esconden bajo tierra. Es la hora en que la sombra se suicida y los hombres de carne y hueso recuerdan, que alguna vez sonrieron  y besaron y hasta los demonios sienten vergüenza por portar su vocación de carne cruda. El último trago de cerveza, arrastra la ansiedad de los sabores y deja intacto el pudor del paladar.

                                                         Daniel Godoy

1 comentario:

  1. "Godoy es un enorme e indisciplinado poeta" decía Rivas...El "Troesma" Letcher ,taxativo,acotaba "El único escritor que respeto porque habla de la vida conociéndola, masticándola"... Sabiendo menos que nadie, desde el rol de lector, siento que tu obra es necesaria, hoy más que nunca. Deja el gusto adictivo del placer implicado en algún connato de ternura; te las arreglas para meter las manos en el caos y generar una esperanza

    ResponderEliminar